¿Realidad o Ficción? De cómo la ciencia ficción encuentra la esencia de nuestro mundo

Cuando la realidad se pierde en niveles de ficcionalidad, la ciencia ficción te muestra el camino.

Si tú también crees que la realidad en la que vivimos no es más que otro producto ficcional de nuestra mente comunal, este es tu artículo.

No te preocupes, que no te voy a destapar ninguna teoría conspiracional.

La ficción literaria es, a menudo, una guía para relacionarnos con la realidad en la que vivimos. ¿Por qué? Pues porque pone en evidencia los recursos para desarrollar esas mismas ficciones e ilusiones que creamos de forma artificial. Las pequeñas mentiras que inventamos para enfrentarnos a todo aquello que no nos gusta de la realidad.

Lo que nos interesa no es nuestra identidad, ni la verdad, es la historia que contamos. El problema viene cuando esto se extiende a todos los ámbitos sociales. Cuando la violación se convierte en una historia de esas tristes que pasan en las pelis. Cuando la guerra es esa cosa que hacen los americanos en Oriente Medio. O cuando la segregación e injusticia social es algo que se lee en los libros de historia de la segunda guerra mundial.

¿Qué voy a hacer yo si el mundo es así? ¿Verdad?

Pues nada. No nos preocupemos, que no todo es culpa nuestra. Pero ser capaces de distinguir las pequeñas de las grandes mentiras en nuestra forma de lidiar con la realidad ya es un buen paso. Y, por eso, la ficción especulativa es una gran forma de allanar el camino hacia un mayor entendimiento de nuestro mundo

¿Es la ficción especulativa un mapa de nuestra realidad?

Aquí te traigo unos ejemplos concretos de novelas de ciencia ficción que ponen en evidencia estas construcciones ficcionales alrededor de la realidad. Algunas de esas pequeñas guías que ilustran la ficcionalidad de su tiempo.

En el Tiempo Desarticulado de Philip K. Dick, Ragle Gumm vive en una realidad ilusoria, en una ficción que suplanta a la realidad.

Al más puro estilo Show de Truman, Dick nos da una realidad creada alrededor de Ragel con el objetivo de que este ayude al ministerio de defensa de su mundo postapocalíptico. Y todo sin tener la menor idea de lo que está haciendo.

Ragel se levanta cada día, resuelve el acertijo del periódico, recibe el dinero por acertar, y sigue con su vida ordinaria.

Lo que él aún no sabe, es que todo esto no es más que un constructo ficticio creado alrededor de sus extraordinarias capacidades deductivas. Así, el acertijo de los periódicos es en realidad un mapa en el que adivinar dónde caerá la siguiente bomba que la luna enviará hacia nuestro planeta.

Sin darse cuenta, lo que Ragel realmente hace cada día es ayudar a la tierra en su lucha contra el satélite vecino.

Es una ficción que imita la realidad de Estados unidos de mitad de siglo, donde se ponen los recursos del pueblo americano al servicio de la carrera militar del país. Ya que, sin tener conocimiento, Ragel está participando activamente en la guerra y destrucción del mundo con su pasividad. De la misma forma que lo hacía, en cierta maneara, el americano de a pie con guerras como la de Vietnam.

Las guerras que empiezan nuestros gobiernos nos parecen ajenas, pero, como Ragel, todos somos participes de aquello que permitimos, aunque solo sea por omisión. No pensar en ello, aislarnos en realidades donde no existe ese conflicto, son solo buenas formas de lidiar con la terrible realidad que nos rodea.

Otro gran ejemplo de novela en la que se pone en evidencia como obviamos nuestra realidad es La ciudad y la ciudad de China Mieville.

En esta historia el inspector Borlú deberá resolver el asesinato de una joven mujer. Para ello contará con el inconveniente añadido de tener que viajar entre las ciudades de Beszel y Ul Qoma, dos ciudades superpuestas en el mismo espacio, pero irreconciliables.

Lo curioso de esta historia es el desarrollo espacial. Las dos ciudades son en realidad una, pero separadas por una barrera fantástica que las diferencia.

Así, cuando Borlú camina por la calle se cruza con edificios y personas de la otra ciudad. Pero, como el resto de habitantes de Berszel, tendrá prohibido ver lo que acontece en Ul Qoma, y al revés.

Son poblaciones adoctrinadas desde su nacimiento a no ver aquello que está a su alrededor. De forma que el acto de no-ver aquello que pertenece a la otra ciudad es natural y subconsciente para estas personas. La realidad está así marcada por constructos heredados de comportamiento y nociones artificiales sobre el mundo que les rodea.

Obviar la realidad. Mirar, pero no ver, parece algo bastante típico también de nuestro mundo. Como cuando ves un mendigo pidiendo en la calle y simplemente sigues andando, porque no te quedan monedas y no puedes andar disculpándote con todos y cada uno de ellos.

Nosotros también hemos aprendido a ignorar la realidad que nos rodea (guerras, hambre…) como Borlú.

Quizá esta sea la forma que Miéville tiene de recordarnos que a veces las reglas están para romperlas. Que, aunque nos esté prohibido, debemos mirar y ver aquello que no quieren que veamos.

Un ejemplo más de moda, es El Cuento de la Criada de Margaret Atwood. Es curioso el grandísimo éxito que la serie está teniendo a día de hoy. ¿Es por el morbo de ver hasta dónde puede llegar una sociedad fanática? ¿Es por el correlativo ficcional de nuestra sociedad patriarcal?

Que a nadie se le olvide que este libro no salió ayer.

El machismo de esta historia es exactamente el mismo que cuando se publicó en 1985 y, aun así, nos parece moderno y rompedor. Pues parece que nos sirvió de poco que alguien señalase el problema en su momento.

Quizá necesitemos poner los problemas actuales en un futuro lejano y catastrófico para entenderlos. Y, si esto es lo que hace falta para darnos cuenta de que el abuso a la mujer en un sistema patriarcal nos sigue pareciendo un tema de ficción hoy en día, pues adelante.

La feminidad como rasgo que convierte a las mujeres en máquinas de hacer bebés. El aborto. Los vientres de alquiler o gestación subrogada. Son algunos de los temas que esta novela demuestra que no han aparecido hoy. La subyugación de la mujer a la figura masculina ha propiciado este tipo de injusticias desde los inicios de nuestra sociedad como la conocemos. Pero parece que nos cuesta mucho reconocer esto.

Por eso, en la última página del libro, y en relación con el contexto histórico de la historia de Offred, el conferencista nos dice: “Podríamos convocar a Eurídice desde el mundo de los muertos, pero no podríamos lograr que respondiera; y cuando nos giramos para mirarla, la divisamos sólo un momento, antes de que se nos deslice de las manos y se desvanezca.”

Porque, como a Eurídice, no podemos mirar directamente a nuestra realidad, ya que, si lo hacemos, desaparece. Solo a través de un constructo ficcional somos capaces de enfrentarnos a la realidad que nos rodea sin prejuicios ni traumas que nos obliguen a rechazarla.

Y, para eso está la literatura de ficción.  Para ayudarnos a ver la injusticia que hemos aprendido obviar. Para solucionar lo que seguimos haciendo mal.

¿Leer ciencia ficción y fantasía nos hace mejores personas?

Quizá decir que vivimos una mentira sea demasiado pesimista y descabellado. Pero que adornamos la realidad a nuestro antojo para hacerla más llevadera es algo simplemente humano. El inconveniente viene cuando esta forma de ver la vida nos impide darle la importancia que tienen a nuestros problemas sociales.

Poner problemas actuales en escenarios ficticios es más accesible. Porque cuando ves como tratan a Offred en un futuro distópico de fanáticos religiosos es más fácil de aceptar que cuando te señalan con el dedo y te dicen que eres tú quien participa de esas estructuras patriarcales.

Porque cuestionar la realidad que nos rodea desde imaginativas fantásticas como las de Beszel y UlQoma te pueden llevar a encontrar esos detalles que habías pasado por alto.

Y, porque nunca está mal actuar como si viviésemos en el Show de Truman. Por si pensar que la realidad está echa a nuestra medida nos lleva con suerte a intentar mejorarla.

Como acabas de ver, la ciencia ficción y la ficción especulativa ofrecen todos los medios temáticos para explorar esta función ficcional hasta el extremo.

Por eso, leer estos géneros quizá no nos haga mejores personas, pero sí que nos ayudará a despertar nuestro pensamiento más crítico.

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